Autor: Gabriela Hurtado
Economía Mundial
Washington, D.C. – mayo de 2025.
El legado económico de Donald Trump vuelve a estar en el centro del debate mientras el expresidente proyecta su posible regreso a la Casa Blanca. En medio de esta coyuntura, resurgen preguntas clave: ¿realmente Wall Street ganó con Trump? ¿O fueron beneficios a corto plazo que dejaron consecuencias duraderas?
La era de la disrupción económica: un comienzo ambicioso
En enero de 2017, Donald J. Trump asumió la presidencia de Estados Unidos con una promesa clara: “America First”. Este lema no era solo una consigna de campaña, sino una declaración de intenciones sobre el rumbo económico que tomaría la primera potencia mundial. Bajo esta visión, Trump impulsó un enfoque proteccionista, priorizando la industria nacional, los empleos estadounidenses y la autosuficiencia energética, una estrategia que rápidamente empezó a reconfigurar los mercados globales.
El primer gran movimiento fue la reforma fiscal de 2017, conocida como la Tax Cuts and Jobs Act (TCJA). Esta ambiciosa legislación redujo el impuesto corporativo del 35 % al 21 %, una medida que fue aplaudida por Wall Street. A nivel individual, se duplicó el umbral de exención para el impuesto a la herencia, beneficiando particularmente a las grandes fortunas. El impacto fue inmediato: el Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq marcaron récords históricos entre 2017 y 2018. El sector financiero respondió con euforia, y los grandes capitales vieron una ventana de crecimiento a corto plazo.
¿Qué es el Dow Jones y por qué importa?
El Dow Jones Industrial Average (DJIA), comúnmente conocido como el Dow Jones, es uno de los índices bursátiles más antiguos y seguidos del mundo. Fue creado en 1896 por Charles Dow, fundador del diario The Wall Street Journal, y representa el rendimiento de 30 de las empresas más grandes y significativas de Estados Unidos, como Apple, Boeing, Goldman Sachs y Coca-Cola.
Aunque no incluye todas las compañías del mercado, el Dow Jones funciona como un termómetro de la economía estadounidense. Sus subidas o bajadas reflejan, a grandes rasgos, la confianza de los inversores, la salud de las grandes corporaciones y las perspectivas de crecimiento del país.
La tormenta de la guerra comercial
Sin embargo, lo que parecía un boom sostenido comenzó a tambalearse en 2018 con el inicio de la guerra comercial entre EE. UU. y China. El gobierno de Trump impuso una serie de aranceles a productos chinos con el objetivo de reducir el déficit comercial y proteger sectores estratégicos como el acero y el aluminio. En marzo de ese año, el Dow Jones cayó más de 700 puntos tras la primera ronda de tarifas. La tensión continuó escalando durante los meses siguientes.
La respuesta de China no se hizo esperar. Aranceles recíprocos, restricciones a empresas estadounidenses y, lo más grave, una devaluación estratégica del yuan en 2019. La reacción fue inmediata: una nueva caída de Wall Street de hasta un 3 % en un solo día. Este escenario convirtió los mercados en un terreno de alta volatilidad, donde los tweets de Trump y las declaraciones de Beijing movían más el mercado que los datos macroeconómicos.
Fuente: Investing.com (DJI - INDEX) – Gráfica desarrollada con Chart.js por Martin Sandoval | CEO de AFECORP
Fuente: Investing.com (DJI – INDEX) – Gráfica desarrollada con Chart.js por Martin Sandoval | CEO de AFECORP
Lectura de la gráfica: crecimiento con altibajos en un entorno político impredecible
La imagen que acompaña este análisis muestra la evolución mensual del Dow Jones desde 2017 hasta 2021, con una línea de tendencia lineal destacada. El dato más llamativo es el incremento estimado del 55,72% durante ese periodo, a pesar de haber atravesado una guerra comercial, una pandemia global y un entorno político altamente volátil.
Entre 2017 y principios de 2018, el índice mostró un crecimiento sostenido, impulsado por las políticas fiscales expansivas del gobierno de Donald Trump. Las rebajas impositivas y la desregulación incentivaron la inversión corporativa, especialmente en sectores como banca, energía y manufactura.
Sin embargo, la volatilidad no tardó en aparecer. A mediados de 2018, el inicio de la guerra comercial con China marcó un punto de inflexión. Las tensiones arancelarias crearon incertidumbre, y el Dow Jones empezó a experimentar oscilaciones más bruscas. A finales de 2018, el mercado vivió una de sus peores correcciones desde 2008.
A pesar de las turbulencias, el índice recuperó terreno en 2019, gracias a la firma parcial del acuerdo comercial con China. Pero luego llegó 2020, y con él, la pandemia de COVID-19. En marzo de ese año, el Dow Jones sufrió una caída histórica de más del 30% en pocas semanas. Sin embargo, gracias a estímulos fiscales masivos, el índice rebotó con fuerza, alcanzando nuevos máximos en 2021.
La línea roja punteada muestra que, pese a los vaivenes, la tendencia general fue claramente alcista. Esto sugiere que, más allá de las crisis coyunturales, los inversores apostaron por la recuperación de largo plazo.
Impacto en los mercados: volatilidad disfrazada de optimismo
Aunque hubo momentos de recuperación —como la firma del acuerdo comercial “Fase 1” con China en diciembre de 2019— el daño estructural a la confianza inversora ya era evidente. La relación entre Estados Unidos y China, dos economías interdependientes, se fracturó en el plano comercial, tecnológico y diplomático. Esto obligó a muchas multinacionales a rediseñar sus cadenas de suministro, deslocalizar producción y replantearse su estrategia internacional.
Los grandes nombres de la economía norteamericana, como Apple, Boeing y Caterpillar, sufrieron directamente las consecuencias. Atrapadas entre aranceles cruzados y normativas inciertas, estas empresas pasaron de ser símbolos de innovación a peones de una guerra geoeconómica.
La pandemia como catalizador de fragilidad
En 2020, la pandemia del COVID-19 agravó esta fragilidad. El gráfico mensual del Dow Jones muestra un fuerte retroceso en ese periodo, seguido por una rápida recuperación que muchos expertos consideran artificial. Esa recuperación fue sostenida principalmente por estímulos fiscales y monetarios históricos: la Reserva Federal redujo las tasas de interés a cero, mientras el Congreso inyectó billones de dólares en la economía.
Sin embargo, este rebote no reflejó una recuperación sólida, sino una necesidad urgente de liquidez y un deseo de evitar el pánico colectivo. La volatilidad, enmascarada por récords bursátiles, seguía latente.
¿Política económica o espectáculo mediático?
Durante el mandato de Trump, el comportamiento de los mercados financieros rompió los moldes tradicionales. La economía dejó de responder exclusivamente a los fundamentos macroeconómicos y pasó a depender del discurso político, especialmente del propio presidente.
Cada tuit, amenaza o improvisación mediática tenía el potencial de mover miles de millones de dólares en cuestión de minutos. Wall Street se convirtió en un tablero de ajedrez emocional, donde el temor a represalias o la esperanza de treguas comerciales dominaba más que los balances corporativos o los informes del PIB.
Esta nueva dinámica puso sobre la mesa una pregunta crítica:
¿Hasta qué punto los mercados pueden seguir creciendo sostenidos en promesas y estímulos sin un andamiaje productivo sólido?
De cara a un segundo mandato: ¿más de lo mismo?
Con las elecciones en el horizonte, un eventual regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 podría traer consigo una repetición de este patrón. Los mercados, inicialmente optimistas por posibles nuevas rebajas impositivas y desregulación, podrían nuevamente encontrarse en un entorno de incertidumbre política constante.
Algunos analistas anticipan que Trump podría reactivar su discurso proteccionista, aumentar la presión sobre China y desmantelar acuerdos multilaterales. Esto podría significar nuevos ciclos de euforia y desplome en los índices bursátiles, similares a los observados en su primer mandato.
La pregunta de fondo permanece:
¿Puede una economía sostenerse a largo plazo solo con estímulos fiscales, recortes impositivos y una narrativa de crecimiento, sin resolver sus tensiones estructurales ni estabilizar su política exterior?
Conclusión: un legado incierto
La línea de tendencia del gráfico del Dow Jones entre 2017 y 2021 muestra un crecimiento estimado del +55,72%, pero este incremento se dio en un entorno de altísima volatilidad y fragilidad estructural. Si bien los inversores a corto plazo obtuvieron grandes beneficios, la sostenibilidad del modelo económico de Trump sigue siendo cuestionable.
El legado económico de Donald Trump no se puede medir solo en récords bursátiles, sino en la calidad y estabilidad del crecimiento. Y en ese sentido, su impacto aún está por escribirse… quizás en un segundo mandato.
Referencias:
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Budget and Economic Data | Congressional Budget Office. (s. f.). Recuperado de: https://www.cbo.gov/data/budget-economic-data
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Galindo, A., & Nuguer, V. (2023). 2023 Latin American and Caribbean Macroeconomic Report: Preparing the Macroeconomic Terrain for Renewed Growth. Banco Interamericano de Desarrollo. https://doi.org/10.18235/0004780
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IMF (2024, 22 octubre). Global Financial Stability Report, October 2024 – Steadying the Course: Uncertainty, Artificial Intelligence, and Financial Stability. Fondo Monetario Internacional. https://www.imf.org/en/Publications/GFSR/Issues/2024/10/22/global-financial-stability-report-october-2024
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La Casa Blanca. (2022, 8 diciembre). Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos. Recuperado de: https://bidenwhitehouse.archives.gov/es/ustr/
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Merino, G. E., & Narodowski, P. (2020). Geopolítica y economía mundial. Universidad Nacional del Litoral. https://doi.org/10.35537/10915/97086
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